Meditaciones de Fe – Manejo del Temor (Parte Final) – Abriendo el Corazón

Primavera/Spring 2015
Esta reflexión fue escrita para el blog de la Iglesia AMEC: Casa de Alabanza. Blog AMEC: Manejo del Temor (Parte Final).
 
 
Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores.” (2 Corintios 7:5)

Luego de la crisis de salud de mi hijo en septiembre de 2014 yo quedé afectada. Nosotros habíamos estado muchas veces con él en la unidad de cuidadosintensivos pero por primera vez cruzó por nuestra mente la idea de “hasta aquí llegó todo”. Y yo salí de esa experiencia con mucho miedo.

Al par de días, le escribí a una amiga, sierva del Señor y mamá de una niña hermosa que también ha tenido muchas situaciones de salud. Su hija ha tenido más de 30 intervenciones quirúrgicas y varias crisis de muerte. Le pedí que me ayudara a orar porque yo no quería vivir con miedo. Estas fueron sus palabras: “He tenido varias veces esa sensación y la he visto tambien a punto de irse…Voy a estar orando porque aunque creemos y sabemos que El es real tenemos que abrirle nuestro corazón, porque son nuestros bebés…”. La frase que me confrontó fue “tenemos que abrirle nuestro corazón”.

Creemos erróneamente que hay que abrirle el corazón al Señor una sola vez para aceptarlo como Salvador. Pero a Cristo hay que abrirle el corazón todos los días. Porque todos los días el “pequeño yo soy” quiere sentarse en el trono que le corresponde al “Gran Yo Soy“. Todos los días hay una lucha de los afectos…a qué o a quién amaremos más.

Leía recientemente un libro de John Piper, “Disability and the Sovereign Goodness of God” (La Discapacidad y la Bondad Soberana de Dios), que hablaba del versículo de Romanos 8:28: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.” Piper decía que este versículo no hace sentido, ni nos sirve de ayuda si Dios mismo y la gloria de Su propósito no son nuestro mayor tesoro.

Mientras yo no ame a Dios más de lo que amo mi cuerpo, mi salud, mi comodidad, mi trabajo, mis metas, mi realización, mi ministerio, mi matrimonio, mis hijos, etc., la Biblia no será una verdadera fuente de consuelo. Mientras la gloria de Su propósito no sea mi mayor anhelo mi vida estará determinada por la circunstancias, por las cosas que quiero y por lo que no me gusta.

Manejar los temores que llegan con la palabra “cáncer” no ha sido un proceso diferente. Para los temores de “adentro” hay que abrirle a Dios el corazòn todos los días. Hay que creer en la bondad del Señor todos los días. El teólogo J.I. Packer decía que “la medida de la bondad de Dios es el Calvario”. Jesús es el mayor recordatorio de la bondad de Dios. Por eso hay que acudir a la Cruz todos los días.

Dice el Salmo 34:4 “Busqué al Señor, y El me respondió, y me libró de TODOS mis temores“. La palabra “respondió” también puede traducirse como “cantar”. Todos tenemos un temor muy adentro. Pero para CADA temor, aún para aquellos que no nos atrevemos pronunciar, el Cielo tiene una canción de amor y liberación. Sólo basta con abrir el corazón todos los días.

Becky


All rights reserved. Rebecca Parrilla. May/2015