Meditaciones de Fe – Efectos Secundarios (Parte 2) – "A Famous Sinner"

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Recibiendo una infusión de hierro para tratar la anemia causada por la quimioterapia.
Y aparte de eso comiendo espinacas y jugo de china y zanahoria.

Esta reflexión fue escrita para el blog de la Iglesia AMEC: Casa de Alabanza, Canóvanas, PR (www.ameccda.org). Efectos Secundarios Parte 2 – “A Famous Sinner”.


La hoja de consentimiento para el tratamiento de quimioterapia no comienza con los efectos secundarios. Comienza con el diagnóstico y con el tratamiento sugerido por el doctor. Si hablamos de los “efectos secundarios” del evangelio tenemos que comenzar entonces especificando la “enfermedad” y el “tratamiento”.
 
Un compañero de la clase bíblica dominical de mi hija Julietta le dijo a otro niño que la mamá de Julietta era una “famous sinner” (pecadora famosa) queriendo decir que era una “famous singer” (cantante famosa). Cuando me lo dijeron yo pensé: “famosa espero que no, pero pecadora sí soy”.
 
Dice Romanos 3:23 (NTV): “Pues todos hemos pecado; nadie puede alcanzar la meta gloriosa establecida por Dios.” Todos hemos recibido una hoja de consentimiento diciendo que nuestra enfermedad se llama pecado, que la prognosis es muerte y que el tratamiento es Cristo.El problema es que en el fondo no creemos que estemos “tan enfermos”.
 
En las pasadas semanas mi hija estuvo estudiando acerca de los desastres naturales. Entonces nos preguntó por qué Dios permitía los desastres naturales. Le explicamos que Dios creó todo perfecto pero que el pecado de Adán y Eva afectó la naturaleza. Que nuestra esperanza  en Cristo es que un día habrá cielo nuevo y tierra nueva. Entonces dijo mirando hacia arriba: “Gracias Adán y Eva…gracias chicos por arruinarlo todo”. Le dije: “No seas tan dura. Si tú y yo hubiéramos sido Eva hubiéramos hecho exactamente lo mismo. De hecho, cada vez que nos desobedeces, te estás comportando como Eva” (eso no le gustó). Pero les confieso que verlo de esa forma tampoco me gustó a mí. Yo no sé cuánta conciencia tenían Adán y Eva del amor de Dios, pero yo no tengo excusa. Yo sí sé que “De tal manerá amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito“. Cristo es la muestra más contundente, impactante y escandalosa del amor de Dios. Pero muchas veces con nuestra forma de vivir decimos que ese regalo no fue la gran cosa. Muchas veces nuestras actitudes indican que creemos que merecíamos algo de ese amor.
 
Lo hacemos cada vez que no vivimos una vida de agradecimiento y gozo. Cada vez que no obedecemos lo que la Biblia dice. Cada vez que no queremos perdonar. Cada vez que no decidimos por lo correcto porque no queremos sacrificar nuestra comodidad o nuestra “felicidad”. Cada vez que nos resistimos a rendir o entregar. Hacer estas cosas NO nos gana el favor de Dios porque su amor y gracia NO están basados en nuestros méritos o desempeño. Pero la medida de nuestro gozo, obediencia, capacidad de perdonar, elecciones y convicciones estará relacionada al reconocimiento de lo que Cristo hizo por nosotros.
 
Cristo sí es “la gran cosa” y NINGUNO merecía ese amor. No había algo en nosotros que nos calificara. Nuestro caso era muy grave. Dice Romanos 5: 6-8 (DHH): “Pues cuando nosotros éramos incapaces de salvarnos, Cristo, a su debido tiempo, murió por los pecadores. No es fácil que alguien se deje matar en lugar de otra persona. Ni siquiera en lugar de una persona justa; aunque quizás alguien estaría dispuesto a morir por la persona que le haya hecho un gran bien. Pero Dios prueba que nos ama, en que, cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros.” Hasta que no aceptamos la enfermedad, no podemos aceptar la cura.
 
Si Cristo habita en nuestros corazones ya el pecado no reina en nosotros. Pero “el pecado nunca se da por vencido. Mientras vivamos seguirá hostigándonos y buscando sabotear nuestra vida cristiana.” (1). Todos los días hay que regresar a la Cruz. Todos los días hay que concluir que no merecíamos tanto amor. Eso cambiará la perspectiva de nuestra vida y la forma en la que nos relacionamos con Dios y con los demás.
 
En vez de la obsesión con el “famous” estaremos contritos y humillados con el “sinner”. En vez de amargados con un cáncer (o cualquier otra situación) estaremos agradecidos por el amor inmerecido de Dios. Por eso mi mayor problema no es el cáncer. Mi mayor problema ya fue diagnosticado y resuelto en una “hoja de consentimiento” firmada con la sangre de Cristo en la Cruz.
 
 
Referencia:
1. Bridges Jerry, La Disciplina de la Gracia (Editorial CLC, Colombia, 2001), página 110.
 
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