Cerrando el 2015 (Con el Alma Anclada)…

Aunque me encanta la temporada navideña tengo que reconocer que a medida que se ha ido acercando el final del 2015 he sentido menos entusiasmo. Llevo días tratando de identificar la razón y creo que la encontré. Me gusta el “sentido de logro”. Esa sensación de que completé un proyecto, una tarea, un asunto pendiente. Pero el cierre del 2015 no coincide con el cierre de muchos “asuntos pendientes”.  Cuando llegue el 1ro de enero del 2016 todavía habrá un tratamiento de cáncer pendiente. Todavía mi hijo tendrá una condición pulmonar que requiere tomar decisiones con respecto a su tratamiento en los próximos meses. Si mi esperanza está solamente en una fecha, si mi esperanza está solamente en un año nuevo estoy perdida. Quizás muchos de ustedes pueden identificarse con ésto. 
Pero dice Hebreos 6:17-20:
Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como precursor
Este capítulo del libro de Hebreos explica que cuando Dios le dio a Abraham la promesa en Génesis 22 de que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra no sólo le dio la promesa (que hubiera sido suficiente)  sino que lo hizo bajo juramento. Dios puso su propia palabra como garantía, como el colateral de un préstamo asegurado. Como Dios no miente, ni puede negarse a sí mismo, significa que esa promesa era segura. 
Estos versículos del 17-20 dicen que nosotros somos herederos de esa promesa (por medio del evangelio). Saber que tenemos Su promesa y además, la garantía de Su palabra es nuestra mayor fuente de esperanza y consuelo. Dios no tiene por qué hacerlo pero ha decidido hacerlo para que no vivamos en desesperanza e incertidumbre. Para que no nos quepa la menor duda. Dios está interesado en que sepamos cuál es la verdadera fuente de consuelo y esperanza.
La esperanza de que Dios cumplirá sus promesas es tan segura que el autor la comparó con un ancla. Un ancla es más útil cuando hay tempestad. Nuestra esperanza es más útil cuando la vida es difícil. Nuestra esperanza es más necesaria cuando hay muchos “asuntos pendientes”. Nuestra ancla no está asegurada en la arena del fondo del mar. Nuestra ancla está asegurada en la misma presencia de Dios, en el cielo. Está asegurada en Cristo.  Así como se encarnó, murió y resucitó para cumplir las Escrituras, cumplirá todas sus promesas. 
El cumplirá Su propósito en nosotros. El regresará otra vez. El estará con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. El nos va a sostener con Su gracia. El será nuestro abogado ante el Padre cuando pequemos. El guardará nuestros corazones con Su paz que sobrepasa todo entendimiento. El nos consolará en todas nuestras tribulaciones. El nos fortalecerá con su poder. Un día Él cumplirá toda justicia, enjugará toda lágrima y redimirá toda pérdida. Es Su promesa y Su palabra.
Quizás este 2015 termina con muchos asuntos pendientes. Pero que al recibir el año nuevo nuestra alma esté anclada no a una fecha o a una esperanza ilusoria, sino a Aquél que nos abrió el camino y está sentado a la diestra de Dios.
Feliz Año Nuevo. Gracias por seguir aquí. 
Becky
All rights reserved. Rebecca Parrilla, December/2015