Un Ataque de Imprudencia

Nuestro niño en la unidad de cuidados intensivos luego de su operación de corazón abierto en marzo 2011
 

Ayer “Facebook” me recordó que un 6 de abril del 2011 fue el primer día que el corazón de nuestro hijo Frandiego funcionó sin la ayuda de un marcapaso luego de la cirugía de corazón abierto que tuvo a sus 4 meses de edad. El 28 de marzo del 2011 Frandiego entró a sala de operaciones para corregir un defecto  congénito que resultó en fallo congestivo del corazón. Cuando terminó el proceso, el cirujano nos explicó que la operación había sido exitosa pero que le habían colocado un marcapaso externo porque su ritmo cardiaco no estaba normal. Nos advirtió que era una complicación bastante común en este tipo de intervenciones y que debía resolverse en las próximas horas. Pero pasó el primer día, el segundo día, el tercer día…y ya al cuarto día el doctor nos dijo que Frandiego tendría que entrar a sala de operaciones nuevamente para colocarle un marcapaso permanente. El cirujano tenía un viaje programado y no podía operar a Frandiego hasta su regreso en un par de días. Así que Frandiego permanecería en la unidad de cuidados intensivos hasta la segunda operación.
La noche antes de la operación del marcapaso mi esposo Fernan tuvo lo que nosotros dos le hemos llamado graciosamente “un ataque de imprudencia”.  Vi a mi esposo en un momento de oración intenso y persistente porque aunque esta segunda operación era más sencilla, él simplemente no podía dejar de pedirle a Dios que obrara en el cuerpo de Frandiego por medio de una intervención milagrosa. Recibimos una llamada de la unidad de intensivo en la mañana.  Cuando tienes un bebé en intensivo y recibes una llamada del hospital se te congela el corazón. Era para notificarnos que durante la noche el corazón de Frandiego comenzó a latir normalmente sin la ayuda del marcapaso. Que estaría unos días más en observación para confirmar que no era un evento transitorio. Entonces tuvimos un “ataque de llanto y de agradecimiento”. Frandiego salió del hospital luego de 14 días sin un marcapaso.
Pero hemos tenido otros “ataques de imprudencia” en nuestras vidas con resultados diferentes a los que pedimos. Entonces, ¿qué se produce en nosotros cuando esto pasa? ¿Un ataque de qué? Las pruebas pueden provocar resultados totalmente opuestos. Pueden provocar que abras tu corazón o pueden provocar que cierres tu corazón. Pueden hacerte más sensible a lo que Dios está haciendo o  pueden nublar por completo tu visión. Pueden hacerte más agradecido o  más cínico. Pueden fortalecer tu vida de oración o pueden debilitarla al hacerte pensar que es un ejercicio inútil.
Cada vez menos puedo explicar el  misterio de la oración,  pero cada  vez más creo lo que la Biblia enseña acerca de ella.
  • Dios ha escogido la oración como un medio para ser glorificado. “Y todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.” (Juan 14:13)
  • Mientras más lleno estoy de la Palabra de Dios, más alineadas  estarán mis oraciones a la voluntad de Dios. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y os será hecho.” (Juan 15:7)
  • Dios es soberano y a la misma vez la oración produce cambios. Para nosotros eso a veces representa un dilema o una contradicción, pero para Dios no. “La oración eficaz del justo puede lograr mucho. Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia y la tierra produjo su fruto.” (Santiago 5:16-18)
  • Dios ha dispuesto que la oración es necesaria cuando estamos en tiempos difíciles. “¿Sufre alguno entre vosotros? Que haga oración.” (Santiago 5:13)
  • Dios desea que oremos sin desanimarnos. Tenemos un Dios Justo que escucha y se mueve a misericordia.  “Escuchad lo que dijo el juez injusto. ¿Y no hará Dios justicia a sus escogidos, que claman a El día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles?” (Lucas 18:6-7)
  • La oración me recuerda el evangelio. Porque sólo podemos llamar a Dios Padre por los méritos de Jesús y su sacrificio en la cruz. “Vosotros, pues, orad de esta manera: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre”. (Mateo 6:9)
  • Está  bien no saber cómo orar. El Espíritu Santo ora por mí…dentro de mí…y siempre pide lo que es mejor. “Y de la misma manera, también el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; porque no sabemos orar como debiéramos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles; y aquel que escudriña los corazones sabe cuál es el sentir del Espíritu, porque El intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.” (Romanos 8:26-27)
Así que oremos. Oremos con “ataques de imprudencia”,  con “ataques de miedo”, con “ataques de dependencia”, con “ataques de desesperación”, con “ataques de llanto”, con “ataques de confianza”, con “ataques de santa expectativa”, con “ataques de confusión”, con “ataques de humildad y sujeción”, con “ataques de lo que sea”…pero oremos. Y confiemos en Su respuesta no importa cuándo llegue y cómo llegue. 
Gracias “Facebook” por hacerme recordar. 
Becky
All rights reserved. Rebecca Parrilla, April/2016.

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