“Sigue leyendo”

jlobek

A nuestra niña de 9 años le encanta leer.  La semana pasada comenzó a leer una novela basada en hechos reales que relata la historia de una niña india americana (“native american”) que quedó abandonada por 18 años en una isla cerca de las costas de California en el siglo 19. Lo que leyó en las primeras páginas la cautivó y salió corriendo para su cuarto y bajó con un disfraz hecho en casa de india (bien Pocahontas).  Y siguió leyendo vestida  de “Pocahontas” creyéndose la protagonista de la historia. Pero como en el cuarto capítulo, viene con cara atribulada y me dice “Mamá tienes que leerlo”.  Y luego de la entrevista de rigor descubrí que obviamente,  la historia es una de sufrimientos, pérdidas y privaciones, pero ella lo descubrió muy tarde, ya estaba muy identificada con el personaje y con la historia. Le expliqué que eso era lo fascinante de los libros, que había toda clase de historias, que al final debía haber alguna enseñanza…le dije: “Sigue leyendo”.

En estos días hemos estado otra vez lidiando con la condición cardio-pulmonar de nuestro niño. Los exámenes médicos y las pruebas de sangre muestran que hay que hacer cambios en el tratamiento. Y de momento  me vi en la cara atribulada de Julietta, hay “capítulos” en la vida que uno simplemente no quiere leer.   El problema no es falta de fe porque ya yo sé cómo termina la  historia de los que han puesto su confianza en Jesús. El problema es este  corazón que tiene la inclinación natural de estar en dos lados al mismo tiempo. Les confieso que una de estas noches cuando me acosté repetí las palabras del padre del muchacho que fue sanado en el pasaje que relata Marcos 9:14-29: “Creo; ayúdame en mi incredulidad”. ¿Cómo se puede creer y a la misma vez no creer? El Salmo 43 relata una experiencia similar. El salmista dice en el verso 2: “Pues tú eres Dios, mi único refugio seguro. ¿Por qué me hiciste a un lado?” ¿Cómo se puede saber que Dios es un refugio seguro y a la misma vez sentir que Dios lo ha olvidado? Así es nuestro corazón.

Pero el salmista no se queda ahí. El salmista ora en los versos  3 y 4.  Esta es su petición de oración:

Ver. 3 – “Envía tu luz y tu verdad, que ellas me guíen” – Abre mis ojos a la realidad espiritual. Que la oscuridad y la incertidumbre de lo que no sé y de lo que aún no entiendo no se conviertan en mis guías de viaje. Que tu Palabra me guíe. Dice el Salmo  119:105 “Lámpara es mis pies tu Palabra”. Dice Juan 17:17: “Tu Palabra es verdad”.

Ver 3 y 4 – “Que me lleven a tu monte santo, al lugar donde vives. Allí iré al altar de Dios” – Cuando estoy con el corazón en dos lados, llévame al lugar donde puedo adorarte. Llévame a la Cruz porque dice Hebreos 13:10 que la Cruz es nuestro altar.

Ver 4 – “A Dios mismo, la fuente de toda mi alegría” – Cuando estoy con el corazón dividido lo que necesito es a Dios mismo. Las buenas noticias, el éxito de un tratamiento, los problemas resueltos,  la provisión NO SON la fuente de toda mi alegría. Sólo Dios es.

El salmista  termina hablándose a él mismo: ¿Por qué estoy tan desanimado? ¿Por qué está tan triste mi corazón?  ¡Pondré mi esperanza en Dios¡ Nuevamente lo alabaré”  En otras palabras el salmista le dijo a su alma: “Sigue leyendo”.

Becky

All rights reserved. Rebecca Parrilla. November/2016

3 thoughts on ““Sigue leyendo”

  1. Wanda Garcìa says:

    Gracias por compartir de manera tan honesta y a la vez tan edificante, las cosas que vives y cómo ver la intervención del Señor en cada una de ellas. Creo que está reflexión de hoy , nos toca a muchos! Tenemos que seguir leyendo el resto de la historia. Te bendigo a tì y a tu hermosa familia, en El Nombre de Jesús!

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