“Estoy confiando en el Señor”


Recientemente, me escuché a mí misma decir: “estoy confiando en el Señor” y me sorprendí del tono. Muchas veces decimos “estoy confiando en el Señor” como si fuera un acto heroico de nuestra parte. Lo decimos con resignación: “pues, aquí…confiando en el Señor” como si fuera insólito confiar en un Dios infalible. Lo decimos con miedo, como si el resultado de confiar en el Señor fuera incierto. Lo decimos con pena, como si al confiar en El le hiciéramos un gran favor. Lo decimos con frustración porque percibimos que estamos fallando en el intento. Pero ese no es el tono o la expresión que encontramos en la Biblia. Para los autores bíblicos confiar en el Señor representaba:

Deleite
Saboreen al SEÑOR y vean lo bueno que es él. Afortunado el que confía en él. (Salmo 34:8)

Alegría
Pero alégrense todos los que en ti confían; (Salmo 5:11)

Seguridad eterna
El Señor rescata el alma de sus siervos; no serán condenados los que en él confían. (Salmo 34:22)

Firmeza/Estabilidad
Los que confían en el Señor son como el monte Sion, que es inconmovible, que permanece para siempre. (Salmo 125:1)

Presencia de Dios
El Señor es bueno, un refugio seguro cuando llegan dificultades. Él está cerca de los que confían en él. (Nahum 1:7)

Algo tenían que tener ellos en cuenta que nosotros con frecuencia olvidamos. Dice el capítulo 30 del libro del profeta Isaías que hay cierta manera de confiar.

Ver 15-16: Porque así ha dicho el Señor Dios, el Santo de Israel: En arrepentimiento y en reposo seréis salvos; en quietud y confianza está vuestro poder. Pero no quisisteis…“y dijisteis: No, porque huiremos a caballo…y sobre corceles veloces cabalgaremos“…

Y ahí está parte del problema. Decimos que confiamos en el Señor pero no queremos reposar en la suficiencia del Señor en el proceso. Decimos que confiamos en el Señor pero preferimos nuestros “caballos y corceles veloces”, nuestra autosuficiencia, nuestra definición de lo que es necesario, nuestros métodos. Decimos que confiamos en el Señor pero nos agotamos porque dependemos de nosotros mismos para confiar en El. Esa es nuestra naturaleza.

Pero qué hermoso cuadro presenta el versículo 18: “Así que el Señor esperará a que ustedes acudan a él para mostrarles su amor y su compasión. Pues el Señor es un Dios fiel. Benditos son los que esperan su ayuda.” (NTV‬‬)

Ni siquiera en el acto de “confiar en el Señor” nosotros nos llevamos la gloria. No nos engañemos a nosotros mismos, siempre vamos a preferir nuestros “caballos y corceles veloces”. Pero él es el glorioso Señor que está esperando con paciencia para mostrar Su gracia. Él es el glorioso Señor que es fiel. Él es el glorioso Señor que es lento para la ira y grande en misericordia, no porque no vea o porque no le importe nuestra infidelidad, inconsistencia o rebelión, sino porque la perdona. Porque ya Jesús pagó. Porque ahora Su justicia es nuestra justicia.

‭‭Así que cada día acudamos a Él. Que podamos decir “estoy confiando en el Señor” reconociendo que Él es el héroe en el proceso. “Estoy confiando en el Señor” descansando en su amor inagotable. “Estoy confiando en el Señor” sin miedo, porque al arrepentirnos de nuestra predilección por los “caballos y corceles veloces” Él recibe más gloria. “Estoy confiando en el Señor” sin temor a fallar en el intento porque cada día es Dios mismo quien está produciendo en nosotros el querer y el hacer (Fil. 2:13). No estamos por nuestra cuenta en esta batalla de la fe. El mismo nos está ayudando a confiar en Él…¡cuán bienaventurados son todos los que en Él esperan! Ahora dilo en reposo y quietud: “Estoy confiando en el Señor”. 

Becky

All rights reserved. Rebecca Parrilla, December/2016

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