Terapia celestial

Una de mis preocupaciones con la noticia del diagnóstico de cáncer de mi mamá era cómo recibirían la noticia mis sobrinos y mi hija Julietta. En el caso de mis sobrinos mayores porque hace apenas cinco años su abuela paterna murió de cáncer. En el caso de Julietta porque ya ha tenido un encuentro bien cercano con el cáncer en su propia casa. Cuando finalmente le dimos la noticia nos hizo muchas preguntas…bien “Julietta style”: “¿Cómo la vamos a ayudar físicamente (de maneras prácticas) si ella está en PR?, ¿Es severo?, ¿Va a perder el cabello?, ¿Quién va a cuidar a Abu (mi papá que es paciente de diálisis)?, ¿Por qué tengo que pasar por esto otra vez?”

A principios de esa semana, en la escuela bíblica dominical de Julietta enseñaron acerca del Dios que se revela. Cada niño recibió un papelito con un nombre diferente de Dios: “El Dios sanador”, “El Dios proveedor”, “Dios de paz” etc. y cada niño debía testificar de esa revelación particular de Dios en su vida. Al final de esa clase, la maestra se acercó y me comentó que Julietta levantó su mano en varias ocasiones durante la clase porque comenzó a recordar experiencias vividas acerca del Dios sanador, del Dios proveedor, y del Dios de paz. 

Esa fue la “terapia” que le recetaron al salmista en el Salmo 77. Se sentía desconcertado y frustrado en una temporada de angustia:

“¿Rechazará el Señor para siempre, y no mostrará más su favor? ¿Ha cesado para siempre su misericordia? ¿Ha terminado para siempre su promesa? ¿Ha olvidado Dios tener piedad, o ha retirado con su ira su compasión?

Pero el salmista hace una pausa y comenzó a recordar: 

“(Selah) Dije: Enfermedad mía es ésta; Traeré, pues, a la memoria los años de la diestra del Altísimo. Me acordaré de las obras de JAH; Sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. Meditaré en todas tus obras, Y hablaré de tus hechos. Oh Dios, santo es tu camino; ¿Qué dios es grande como nuestro Dios? Tú eres el Dios que hace maravillas; Hiciste notorio en los pueblos tu poder“ (Salmos‬ ‭77:7-15‬)

La misma noche que hablamos con ella decidió compartir la noticia con una amiguita de su escuela. La niña (de sólo 11 años de edad) le contestó con estos dos versos bíblicos:

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en toda tribulación nuestra, para que nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción con el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios.” (‭‭2 Corintios‬ ‭1:3-4‬ ‭LBLA‬‬)

“Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación,” (2 Corintios‬ ‭4:17‬ ‭LBLA‬‬)

Y le dimos gracias a Dios porque esa es otra “medicina” que nos receta el Salmo 119:

“Estoy tirado en el polvo; revíveme con tu palabra…Lloro con tristeza; aliéntame con tu palabra…Tu promesa renueva mis fuerzas; me consuela en todas mis dificultades.” (‭‭Salmos‬ ‭119:25, 28, 50‬ ‭NTV‬‬)

Así que hemos visto al Señor una vez más hacer por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer. Nadie toca el corazón como él. Pueden echarnos en una cápsula en el fondo del mar. Pueden llevarnos al monte más alto. Pueden dejarnos en el desierto más árido. Pueden hacernos acampar a los pies de un volcán en erupción. Pero que nunca perdamos la capacidad de traer a la memoria los poderosos hechos del Señor. Que jamás olvidemos que no hay Dios tan grande como él. Que recordemos una y otra vez que el despliegue más grande de su poder y favor hacia nosotros lo hemos visto en su muerte y resurrección. Que cuando estemos “tirados en el polvo” o llorando de tristeza, su palabra nos haga revivir, nos aliente, nos consuele y que su promesa renueve nuestras fuerzas.

Becky Parrilla. All rights reserved. February/2018

4 thoughts on “Terapia celestial

Comments are closed.