El Verdadero Peligro

Cuando nuestro niño nació no podía sostener su cabeza o tronco. Llevamos 9 años de terapia física y ocupacional y ya sostiene su cabeza y tronco pero aún no tiene la madurez neurológica para sostenerse de pie sin ayuda. A eso le añadimos que sus reflejos de protección son lentos y las pocas veces que se ha caído, cae de bruces al suelo sin oportunidad de usar sus manos para protegerse. Por eso, ha desarrollado terror de caerse y ese llanto de miedo es uno particular.

Hace unos días mi esposo y yo estábamos tratando de enseñarle cómo bajarse de una sillita que le regalamos en navidad porque su primer intento fue bajarse de cabeza. Esta vez estaba deslizándose y cuando sus pies estaban a 2 pulgadas del suelo (literalmente!!!!) comenzó a llorar con ese grito de miedo particular. Cualquiera diría que estaba al borde del Gran Cañón del Colorado. Nos dio pena…y a la vez deseos de reír (“guilty parents alert”) porque su miedo no iba a la par con el peligro al que estaba expuesto en ese momento. Sus limitaciones y experiencias pasadas han afectado su percepción.

El pecado arruinó nuestra percepción de las cosas. Desde ese entonces le tenemos miedo a lo que NO debemos tenerle miedo. Por eso Adán y Eva tuvieron miedo de la voz de Dios que los llamaba en el huerto (Genesis 3:10). Y Pedro tuvo miedo de las olas aunque acababa de ver a Jesús caminar sobre ellas (Mateo 14:30). Y el siervo de la parábola tuvo miedo del mismo amo que generosamente y sin obligación alguna le confió talentos para desarrollarlos (Mateo 25:25).

La Biblia enseña que a una cosa SÍ le debíamos tener miedo. Al hecho de que algún día todos tendríamos que enfrentarnos ante el Creador y NADIE tenía lo que hacía falta para salir inocentes en ese juicio eterno. Eso es como estar al borde del Gran Cañón. Pero vino Cristo…y se encarnó…y vivió perfectamente…y murió en nuestro lugar…y resucitó. Si hemos puesto nuestra confianza en Jesús podremos presentarnos ante Dios sin culpa y vergüenza. Nuestro peligro más grande está resuelto. Todos los otros peligros, en comparación, son como estar a 2 pulgadas del suelo aunque nuestras limitaciones y experiencias pasadas sugieran otra cosa.

Sabemos, por la Palabra de Dios, que ningún peligro está fuera del alcance del poder y la gracia de Dios. También sabemos, que ningún peligro puede separarnos del amor de Cristo (Romanos 8: 35-39). Creer estas cosas es haber experimentado el perfecto amor de Dios que echa fuera el temor (1 Juan 4:18).

Que vivamos a salvo, rodeados de ese perfecto amor. En donde el miedo al verdadero peligro fue vencido. En donde el miedo a lo que NO debemos tenerle miedo no puede atormentarnos, confundirnos ni dañarnos.

Becky Parrilla. January 2020. All rights reserved.

#BeckyParrilla #LouderAndStronger #AltoYFuerte

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